Revolución de Ayutla

La revolución de Ayutla fue una lucha por la implementación de reformas liberales y la restauración de la Constitución Federal de 1824.

25/03/2026 · Actualizado: 22/07/2026

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La revolución de Ayutla fue un movimiento insurgente que surgió en 1854, marcando un punto crucial en la historia política de México. Este conflicto, impulsado por la creciente desafección hacia el gobierno dictatorial de Antonio López de Santa Anna, se convirtió en una lucha por la implementación de reformas liberales y la restauración de la Constitución Federal de 1824.

El Plan de Ayutla fue pronunciado el 1 de marzo de 1854, liderado por Juan Álvarez, Florencio Villarreal e Ignacio Comonfort. Este plan buscaba destituir a Santa Anna y establecer un gobierno provisional liberal, convocando posteriormente a un Congreso Constituyente para redactar una nueva constitución. La rebelión no solo abarcó el estado de Guerrero, sino que se extendió rápidamente por gran parte del país, con la participación activa de liberales desterrados y campesinos descontentos.

Contenido

El descontento con la dictadura de Santa Anna

En realidad, la dictadura de Antonio López de Santa Anna no era nada nuevo. Tiempo atrás, durante la separación de Texas, se había auto nombrado dictador de México. Sin embargo, en esta segunda oportunidad dictatorial llevó sus propias aspiraciones a un extremo peligroso. Lo de menos es que se hubiere nombrado Su Alteza Serenísima por la vía del decreto constitucional. Con el afán de obtener recursos financieros para su gobierno, que se hallaba en la bancarrota, llegó a impulsar el cobro de un impuesto por el número de ventanas y puertas de las viviendas de la Ciudad de México.

El gobierno de Santa Anna produjo un profundo descontento en la población mexicana. Este sentimiento quedó reflejado en dichos, apodos y otros juegos de palabras, como esta adivinanza: "Santa Anna, el que se queda sin nada". El gobierno era profundamente corrupto, no había ninguna claridad en el manejo de los fondos; no existían las garantías individuales, y la oposición era tratada con fierro. Sin duda, más allá del descontento popular con el gobierno del Quince Uñas (como llamaba el pueblo llano a Santa Anna porque había perdido una pierna en una batalla), había un profundo malestar entre la pequeña burguesía liberal que se había venido formando a lo largo de la primera mitad del siglo XIX en México.

La burguesía agraviada

Efectivamente, la vocación conservadora del gobierno de Santa Anna había favorecido a ciertos grupos de la aristocracia mexicana del siglo XIX. A su amparo, las posesiones de la Iglesia habían crecido escandalosamente. Otros problemas sobre la tenencia de la tierra eran la existencia de corporaciones civiles (como las comunidades indígenas) que impedían la especulación con las bienes raíces y el proceso de acumulación capitalista. En aquella época, como queda dicho, había un pequeño grupo de nuevos burgueses ilustrados que no veían con buenos ojos esta concentración de tierras en manos muertas.

Además, la Iglesia también era una institución con gran poder político. Durante el tiempo de Santa Anna, pocas decisiones se tomaban sin tener en cuenta la opinión de la jerarquía eclesiástica. Además, quedaban otros resabios de la organización colonial, como las aduanas internas, que impedían la modernización del país y virtualmente lo tenían fragmentado en pequeños feudos dominados por caciques locales.

Por si lo anterior fuera poco, Santa Anna había desterrado a varios liberales conspicuos, entre ellos a Melchor Ocampo (exgobernador de Michoacán), Benito Juárez (exgobernador de Oaxaca) y Ponciano Arriaga. La experiencia del destierro llevó necesariamente a comparar el poderío económico de los vecinos del norte con la caótica situación de la República. Se dieron cuenta de que la única manera de llevar a México por el camino del progreso (entendido bajo la divisa del dejar hacer) era derrocar a Santa Anna e instalar un gobierno afín a la ideología liberal.

El 1 de marzo de 1854 fue pronunciado el Plan de Ayutla, en esa misma población del Estado de Guerrero. Lo promovían Florencio Villarreal, Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. El primero había sido insurgente de la independencia de México, y el segundo era un coronel relativamente joven. El documento planteaba la necesidad de formar un frente nacional para derrotar al gobierno dictatorial de Santa Anna. Álvarez y Comonfort se pusieron al frente de una tropa de campesinos. Al plan se unieron Benito Juárez, Melchor Ocampo y otros liberales desterrados por Santa Anna, que radicaban en los Estados Unidos. Aunque no participaron directamente en la lucha armada, estos personajes habrían de decidir el rumbo político de la revolución.

El plan contemplaba la destitución de Santa Anna, el nombramiento de una presidencia interina de corte liberal (cuya responsabilidad quedaría en manos de Juan Álvarez), y la convocatoria a un Congreso Constituyente que redactara una nueva constitución para el país (dado que la de 1824 había sido abolida por Santa Anna, que en su lugar impuso las Siete Leyes, de orientación centralista). Aunque no se trataba de un documento radical, fue capaz de ganarse cierto apoyo en el resto del país, y pronto, la guerra civil se extendía por buena parte de México. El Plan de Ayutla fue modificado en el puerto de Acapulco el 17 de marzo de 1854.

La burguesía agraviada

La vocación conservadora del gobierno de Antonio López de Santa Anna no solo favoreció a ciertos grupos de la aristocracia mexicana, sino que también perjudicó gravemente a la pequeña burguesía liberal. Durante su dictadura, las posesiones de la Iglesia crecieron escandalosamente, concentrándose en manos muertas y excluyendo a los nuevos burgueses ilustrados. Este fenómeno no solo limitaba el proceso de acumulación capitalista, sino que también generaba un profundo malestar entre estos sectores.

El poder político de la jerarquía eclesiástica era otro factor que agraviaba al pequeño grupo de burgueses liberales. Durante el tiempo de Santa Anna, las decisiones políticas rara vez se tomaban sin consultar a la Iglesia, lo cual restringía significativamente su capacidad para implementar reformas económicas y sociales. Además, quedaban otros resabios del sistema colonial, como las aduanas internas, que impedían el desarrollo económico y fragmentaban el país en pequeños feudos.

La situación económica y política de México bajo la dictadura de Santa Anna fue cada vez más desfavorable para los nuevos burgueses ilustrados. En 1854, Melchor Ocampo, exgobernador de Michoacán, fue desterrado a Estados Unidos por sus ideas liberales. Este destierro llevó a una comparación clara entre la situación económica y política del país y la prosperidad del vecino norte, lo que alimentaba el descontento y la determinación de estos sectores para derrocar al gobierno dictatorial.

El malestar económico y político de esta pequeña burguesía liberal se reflejó en su rechazo a las políticas económicas y sociales de Santa Anna. La concentración de tierras en manos muertas, el poder político de la jerarquía eclesiástica, y los resabios del sistema colonial eran algunos de los principales motivos que agraviaban a esta clase social y la impulsaban hacia la revolución.

En 1854, la situación se agudizó con el destierro de Melchor Ocampo. Este hecho no solo reflejaba la intolerancia política del gobierno, sino también la creciente oposición entre los liberales y el régimen dictatorial de Santa Anna. La experiencia del destierro llevó a estos sectores a comprender que la única manera de lograr un México progresista era derrocar al gobierno y establecer un nuevo orden político basado en las ideas liberales.

El descontento económico y político de esta pequeña burguesía liberal fue crucial para el éxito del Plan de Ayutla, que promovía una revolución nacional con el objetivo de derrocar a Santa Anna e instalar un gobierno cuyo rumbo político sería decidido por personajes como Juan Álvarez, Ignacio Comonfort y otros liberales desterrados.

El Plan de Ayutla

El Plan de Ayutla

El 1 de marzo de 1854, en la población de de Guerrero, fue pronunciado el Plan de Ayutla. Este documento fue promovido por Florencio Villarreal, Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. El plan planteaba la necesidad de formar un frente nacional para derrotar al gobierno dictatorial de Antonio López de Santa Anna. Los principales objetivos del Plan incluían la destitución de Santa Anna, el nombramiento de una presidencia interina de corte liberal y la convocatoria a un Congreso Constituyente que redactara una nueva constitución para México.

Juan Álvarez, quien había sido insurgente durante la independencia de México, se puso al frente de una tropa de campesinos. Comonfort, por su parte, era un coronel relativamente joven. A pesar de no participar directamente en la lucha armada, personajes como Benito Juárez y Melchor Ocampo, desterrados por Santa Anna y radicados en Estados Unidos, jugaron un papel crucial al decidir el rumbo político de la revolución.

El Plan de Ayutla fue capaz de ganarse cierto apoyo en otras partes del país. Michoacán fue el primer departamento en sumarse a la revolución, gobernado por Epitacio Huerta. A mediados de 1854, el plan había sido pronunciado en Tamaulipas, San Luis Potosí (apoyado por Antonio de Haro y Tamariz), Jalisco, México y Guanajuato (apoyado por el gobernador Manuel Doblado). Los insurgentes capitalizaron no solo el descontento de la naciente burguesía, sino también el de las masas populares en condiciones de miseria que cargaban con los impuestos decretados por Santa Anna.

Comienza la guerra

Santa Anna, al enterarse de los amagos levantiscos en Guerrero, intentó reprimir rápidamente la insurrección. Decretó la pena de muerte para quienes poseyeran un ejemplar del Plan de Ayutla y no lo entregaran a las tropas del gobierno. También impuso la leva (enlistamiento forzado) y aumentó el presupuesto del gobierno central, elevando los impuestos y reinstalando las alcabalas.

Acto seguido, Santa Anna se puso al frente de una fuerza de seis mil hombres. Llegó a Acapulco, centro de la insurrección, el 19 de abril de 1854. El Ejército Restaurador de la Libertad, organizado por Comonfort y encabezado por Álvarez, se había pertrechado en la fortaleza de San Diego. Los quinientos soldados del Ejército Restaurador resistieron los embates de Santa Anna con éxito. La tropa de Santa Anna sufrió pérdidas significativas debido a la deserción de sus soldados, enfermedades tropicales y bajas en la guerra.

Finalmente, Santa Anna decidió levantar el sitio y regresó a la capital. En el camino de Acapulco a México, redujo a escombros muchas poblaciones y haciendas que habían apoyado el Plan de Ayutla. La estrategia del gobierno contaba con una combinación de fuerza y demagogia. Santa Anna convocó un plebiscito en el que los ciudadanos podrían expresar "libremente" si deseaban que él continuara en el cargo o preferían que dimitiera.

La ofensiva del gobierno y la bancarrota del movimiento pusieron en jaque a los revolucionarios. En junio de 1854, Comonfort partió hacia Estados Unidos para conseguir recursos para la insurgencia. Obtuvo un préstamo de Gregorio Ajuria, un rico español amigo de Álvarez y simpatizante de los liberales. Volvió a Acapulco a principios de diciembre de ese mismo año.

El Plan de Ayutla sentó las bases para la derrota del gobierno dictatorial de Santa Anna, convirtiéndose en un punto de inflexión crucial en la historia política mexicana. La participación de Juan Álvarez y Ignacio Comonfort, junto con el apoyo de personajes liberales desterrados como Benito Juárez y Melchor Ocampo, fue fundamental para la proclamación del plan. El conflicto armado que siguió a la pronunciación del Plan de Ayutla demostró la determinación del gobierno de Santa Anna para reprimir cualquier intento de subversión, pero no pudo contener el avance de los revolucionarios.

Comienza la guerra

En respuesta al creciente descontento en Guerrero, el gobierno dictatorial de Antonio López de Santa Anna tomó medidas drásticas para contener la insurrección. En realidad, las primeras acciones militares contra los insurgentes se llevaron a cabo con cierta lentitud y vacilación. Sin embargo, cuando el 1 de marzo de 1854 fue pronunciado el Plan de Ayutla en Ayutla, Santa Anna no dudó en tomar medidas firmes para sofocar la rebelión.

Por ello, Santa Anna decretó la pena de muerte para quienes poseyeran un ejemplar del Plan de Ayutla y no lo entregaran a las tropas gubernamentales. Esta medida extrema revelaba el grado de preocupación que sentía ante la amenaza que representaban los insurgentes. Además, impuso la leva (enlistamiento forzado en el ejército) para aumentar sus fuerzas militares y aumentó el presupuesto del gobierno central, pasando de 6 a 17 millones de pesos. Este incremento financiero fue necesario para recaudar los fondos necesarios para mantener y equipar las tropas.

Acto seguido, Santa Anna se puso al frente de una fuerza de seis mil hombres. Llegó a Acapulco, centro de la insurrección, el 19 de abril de 1854. El Ejército Restaurador de la Libertad, organizado por Ignacio Comonfort y encabezado por Juan Álvarez, se había pertrechado en la fortaleza de San Diego. Los quinientos soldados del Ejército Restaurador resistieron los embates de Santa Anna con éxito, lo que permitió a los insurgentes mantener su posición.

La estrategia de Santa Anna no solo se basaba en la fuerza militar sino también en el uso de tácticas demagógicas. Durante esta última etapa de su gobierno, las celebraciones patrióticas y religiosas contaron con el apoyo decidido del gobierno. Convocó a un concurso para la elección del himno nacional, cuyos resultados fueron publicados el 11 de septiembre de 1854. No es casualidad que una de las estrofas de la poesía elegida hiciera una clara alusión a Santa Anna como héroe nacional.

Finalmente, Santa Anna decidió levantar el sitio de Acapulco y regresó a la capital. En el camino de Acapulco a México, redujo a escombros muchas poblaciones y haciendas que habían apoyado el Plan de Ayutla. El 19 de abril de 1854, Santa Anna había iniciado su ofensiva contra los insurgentes, marcando el inicio formal del conflicto armado.

El hecho concreto es que, a partir de esta fecha, las tensiones entre las fuerzas gubernamentales y los revolucionarios se intensificaron, llevando al país hacia una guerra civil.

La presidencia de Álvarez

La presidencia de Álvarez

Juan Álvarez asumió el poder bajo las circunstancias más adversas posibles. El 21 de diciembre de 1854, el Congreso Constituyente nombró a Álvarez como presidente interino, en reemplazo del dictador Antonio López de Santa Anna, quien había sido destituido por la revolución. Álvarez, un militar y político con experiencia en las guerras de independencia, asumió el cargo en un contexto de caos político y social. Durante su presidencia interina, Álvarez se enfrentó a múltiples desafíos: la guerra civil que se extendía por gran parte del país, la oposición de los partidarios de Santa Anna, y la necesidad de establecer un gobierno provisional capaz de mantener el orden.

Álvarez no solo tenía que lidiar con las fuerzas armadas rebeldes, sino también con la desorganización económica y social causada por la dictadura. En este período, Álvarez se esforzó por restablecer cierta normalidad en el país. Uno de sus primeros actos fue promulgar una serie de decretos que buscaban aliviar la situación financiera del gobierno. Estos decretos incluían medidas para regular las finanzas públicas y reducir los gastos, intentando así mejorar la economía estancada por años de corrupción y malversación.

Además de estas reformas económicas, Álvarez también se ocupó de asuntos sociales. Durante su presidencia interina, escribió un libro sobre la condición del peón, lo que demuestra su interés en mejorar las condiciones laborales para los trabajadores más desfavorecidos. Este libro, aunque no ha sido ampliamente citado en la historia oficial, refleja el compromiso de Álvarez con las cuestiones sociales y económicas.

Defensa a los campesinos

Una de las principales preocupaciones de Álvarez durante su presidencia fue la defensa de los derechos de los campesinos. Los campesinos, que habían sido históricamente marginados en el México del siglo XIX, encontraron en Álvarez un aliado. El presidente interino se esforzó por proteger a los campesinos de las exacciones y abusos que les infligían tanto la dictadura de Santa Anna como las corporaciones civiles y la Iglesia. En particular, Álvarez trabajó para garantizar que los campesinos tuvieran acceso a la tierra y pudieran cultivarla libremente.

A través de una serie de decretos y medidas legislativas, Álvarez buscó reducir la concentración de tierras en manos muertas y promover la distribución más justa del suelo. Estas acciones no solo beneficiaron a los campesinos, sino que también contribuyeron a fortalecer el apoyo popular hacia el gobierno liberal. Sin embargo, estas medidas enfrentaban fuertes oposiciones tanto de la aristocracia como de las corporaciones civiles, lo que complicaba aún más su implementación.

el actor mencionado

El 11 de diciembre de 1855, Álvarez renunció al cargo y nombró a Ignacio Comonfort como sucesor. Este nombramiento fue parte de un acuerdo entre los principales líderes liberales para garantizar la continuidad del movimiento revolucionario. Comonfort, quien había sido uno de los promotores originales del Plan de Ayutla, asumió el cargo con una amplia base de apoyo y la esperanza de llevar a cabo las reformas constitucionales necesarias.

dejó el poder en un momento de tensión política, su gestión interina sentó las bases para los cambios que se implementaron bajo Comonfort. El nombramiento de Comonfort no solo marcó la continuidad del movimiento liberal, sino también la transición hacia una etapa más formal y estructurada de la revolución.

La presidencia interina de Juan Álvarez fue crucial para el desarrollo de la Revolución de Ayutla. Durante su mandato, Álvarez enfrentó desafíos significativos en un contexto de guerra civil y dictadura. Su trabajo para restablecer cierto orden económico y social, así como su defensa a los campesinos, sentaron las bases para el avance del movimiento liberal. El nombramiento de Comonfort como sucesor fue una señal clara de la continuidad del movimiento revolucionario, con Álvarez cediendo el poder en un momento crucial. Aunque su presidencia interina solo duró unos meses, sus acciones tuvieron un impacto duradero en la historia política y social de México.

La presidencia de Comonfort

La presidencia de Comonfort

Ignacio Comonfort asumió la presidencia de México el 21 de diciembre de 1854, en un contexto de inestabilidad política y social. Este período fue marcado por la promulgación de importantes leyes que intentaban reformar el sistema político y social del país. Entre las medidas más significativas se encuentra la Ley Juárez, propuesta por Benito Juárez en 1855.

La Ley Juárez establecía la supresión de los tribunales especiales, respetando únicamente a los eclesiásticos y militares. Además, declaraba que todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, lo cual representó un avance significativo en el marco legal liberal del país. Esta norma fue fundamental para establecer un sistema judicial más equitativo y reducir el poder de las corporaciones eclesiásticas.

Miguel Lerdo de Tejada también contribuyó a estas reformas con la Ley Lerdo, que se promulgó en 1856. Esta ley buscaba regularizar la tenencia de la tierra y limitar la concentración de propiedades en manos del clero y los militares. Sin embargo, esta medida no fue tan efectiva como se esperaba, ya que la implementación fue lenta y enfrentó resistencias por parte de las élites conservadoras.

Durante el mandato de Comonfort, también se promulgó la Ley Iglesias en 1857, propuesta por José María Iglesias. Esta ley regulaba el cobro de derechos parroquiales, lo que buscaba reducir la influencia del clero en asuntos civiles y promover una mayor separación entre iglesia y estado.

Estas reformas legales fueron parte integral de los esfuerzos de Comonfort para establecer un régimen político más liberal. Sin embargo, el proceso fue lento y enfrentó resistencias tanto internas como externas. En 1855, Comonfort convocó a un Congreso Constituyente que redactara una nueva constitución para México.

El trabajo del Congreso Constituyente se extendió hasta 1857, cuando finalmente fue promulgada la Constitución de 1857. Esta ley fundamental sentó las bases para el sistema político liberal en México y estableció un marco legal que buscaba limitar el poder del presidente y fortalecer los derechos individuales.

La presidencia de Ignacio Comonfort estuvo marcada por la promulgación de importantes leyes como la Ley Juárez, que regularizó la igualdad ante la ley; la Ley Lerdo, que buscaba reducir la concentración de tierras en manos del clero y los militares; y la Ley Iglesias, que regulaba el cobro de derechos parroquiales. Estas reformas intentaron establecer un sistema judicial más equitativo y limitar el poder de las corporaciones eclesiásticas. No obstante, el proceso de implementación fue lento y enfrentó resistencias. La promulgación de la Constitución de 1857 sentó las bases para el régimen político liberal en México, aunque el camino hacia su plena aplicación fue complejo y lleno de desafíos.

Resumen

La revolución de Ayutla surgió en 1854 como una respuesta al dictado de Antonio López de Santa Anna, quien gobernaba con el título de Su Alteza Serenísima y había abolido la Constitución Federal de 1824. Este conflicto fue impulsado por la creciente desafección popular, reflejada en apodos como "Santa Anna, el que se queda sin nada", y un profundo malestar entre la pequeña burguesía liberal. La dictadura de Santa Anna favoreció a ciertos grupos aristocráticos pero perjudicó a los nuevos liberales, concentrando tierras en manos muertas y restringiendo su capacidad para implementar reformas económicas.

El Plan de Ayutla, promovido por Juan Álvarez, Florencio Villarreal e Ignacio Comonfort, propuso destituir a Santa Anna y establecer un gobierno provisional liberal. Este plan ganó apoyo en gran parte del país y sentó las bases para la Constitución de 1857, promulgada bajo la presidencia de Ignacio Comonfort. La revolución no solo cambió el régimen político sino también estableció instituciones que beneficiaron a los liberales, como el Congreso Constituyente, y sentó las bases para la guerra de Reforma.

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Preguntas & Respuestas (FAQ)

¿Quién lideró la revolución de Ayutla?
La revolución de Ayutla fue liderada por Juan Álvarez y Ignacio Comonfort.
¿Cuándo se pronunció el Plan de Ayutla?
El Plan de Ayutla fue pronunciado el 1 de marzo de 1854 en Guerrero, México.
¿Quiénes fueron los principales promotores del Plan de Ayutla?
Juan Álvarez, Florencio Villarreal e Ignacio Comonfort fueron los principales promotores del Plan de Ayutla.
¿Qué buscaba el Plan de Ayutla?
El Plan de Ayutla buscaba destituir a Antonio López de Santa Anna y establecer un gobierno provisional liberal con la convocatoria a un Congreso Constituyente que redactara una nueva constitución para México.
¿Cómo reaccionó el gobierno ante la revolución?
El gobierno de Santa Anna respondió con medidas como la pena de muerte para quienes poseyeran un ejemplar del Plan de Ayutla y leva (enlistamiento forzado).

Redacción del artículo

Bibliografía

  • EL COLEGIO DE MÉXICO ; DÍAZ, Lilia (2009). «El liberalismo militante» . Historia general de México . México: El Colegio de México. pp. 584-631 . ISBN 968-12-0969-9 . Consultado el 18 de diciembre de 2009 .
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Ibarra, R.M. (2026). Revolución de Ayutla. Historia Mexicana. https://historiamexicana.com/revolucion-de-ayutla/

Ibarra, Regina Mendoza. “Revolución de Ayutla.” Historia Mexicana, 2026, https://historiamexicana.com/revolucion-de-ayutla/

Ibarra, Regina Mendoza. “Revolución de Ayutla.” Historia Mexicana. Publicado el 25 de marzo de 2026. https://historiamexicana.com/revolucion-de-ayutla/

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Publicado por historiamexicana.com el 25 de marzo de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

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Regina Mendoza Ibarra

Redactora en HistoriaMexicana.com

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